La pequeña genio del voleibol

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A los 15 años, Jhoeliza Fiz Mota ha probado ser buena en la cancha y mejor en los estudios. Aun cuando es una jugadora juvenil, su potencial sedujo al equipo de Las Guerreras a ficharla como una de sus acomodadoras en la pasada Liga Superior de Voleibol.

Pero es en el campo del saber donde Jhoeliza alcanza categoría de excepcional.

Pudiera bastar con decir que a principio de mes, con 15 años cumplidos el primero de febrero, inició el tercer cuatrimestre de Medicina en la Universidad Iberoamericana (UNIBE). Un caso único.

En esa academia estudia gracias a una beca que le concedió el Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCyT) como respuesta a que en julio del 2017 se graduó con honores en el Colegio Cristo de Los Milagros.

En ese centro dejó sellado su nombre porque tuvo un índice académico que ligeramente rebasó los 95 en los dos primeros años del bachillerato y 99.99 en el tercero y el cuarto.

Ese último promedio se elevó a 100 en las materias concernientes al área de Técnica en Informática, el cual fue certificado por Microsoft Internacional.

Esos conocimientos le han servido para ganarse unos pesitos que nunca caen mal a un estudiante de a pie haciendo programas de computadoras para farmacias y otros negocios medianos y menores.

Galardonada por Minerd
La hija de Elízabeth Mota Santana y de José Fiz Mota, ambos Licenciados en Derecho, obtuvo el Premio de Máxima Excelencia Académica que otorga el Ministerio de Educación.

“Dije ´¡Wao¡´Me sentí muy feliz porque no me lo esperaba”, expresa Jhoeliza, quien ya a los cuatro años se iniciaba en la lectura de Nacho y otros libros infantiles.

“En los dos últimos años del bachillerato le puse mucho corazón y arrasé. Fue mucho sacrificio y dedicación”, declara la voleibolista de 5-7 de estatura.

En el bachillerato eligió el área de Técnica en Informática. En esas especializadas materias tuvo una nota perfecta de 100, certificada por Microsoft Internacional.

Pero eso no es todo…Jhoeliza habla fluidamente el inglés y se defiende con el coreano, idioma que está aprendiendo en cursos “on line” y viendo películas.

Jhoeliza toca piano, guitarra, baila, canta y dibuja
A esta ejemplar joven el tiempo le ha dado también para recibir clases de ballet, guitarra y piano en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Además, canta hermoso y encanta a la hora de dibujar.

“Mi mamá me dice ¥todo lo que tú hagas debes hacerlo con la mayor dedicación posible¥”, subraya Jhoeliza, quien practicó gimnasia antes de entrar en el 2017 al Proyecto Nacional de Selecciones Nacionales.

Su progenitora no oculta la satisfacción que siente al ver a la mayor de sus tres hijos triunfar en los estudios y ganar terreno en el deporte de la malla alta.

“Obviamente, que estoy orgullosa de mi hija”, resalta la licenciada Mota Santana, quien fue la persona que la instó a practicar deportes por todos los beneficios que aportan al cuerpo y la mente.

“A veces estoy preocupada porque ella es muy competitiva y desde temprana edad ha tenido que salir sola a la calle para ir a la universidad. Ha tenido que aprender a ser independiente”, apunta.

Jhoeliza dejó la mejor de las impresiones a su paso por el colegio, no solo por sus altas calificaciones, sino por la sencillez, modestia y disposición de compartir con sus compañeros los conocimientos adquiridos.

Elogios
“Jhoeliza es un orgullo para nuestro colegio”, resalta Ramón Osiris Restituyo, subdirector del plantel que opera en el sector Los Trinitarios.

“Además de su inteligencia y excelente comportamiento, ella siempre estuvo presta a colaborar con los estudiantes de menos posibilidades académicas”, agrega.

“Es una niña que ha sido bien criada. Respetuosa, medida, puntual, muy educada. Sus valores los tiene muy claros”, destaca, por su lado, la catedrática Fiordaliza Camilo, quien le impartió Biología I y II en UNIBE, materias que aprobó con 98 (A Plus).

“Si todo sigue como va en ella tendremos a una posible Suma Cum Laude”, asegura la doctora Camilo.

(+) ELÍZABETH SANTANA: LA FE MUEVE MONTAÑAS
“Cuando yo estaba embarazada de Jhoeliza, que triste me sentía, me diagnosticaron de manera certera que ella nacería no vidente debido a una toxoplasmosis severa que contraje. Oré a Dios y le dije que la quería como viniera, que la cuidaría como mi regalo adorado, como hizo mi madre con mi hermana, que es sorda por pasmarse los dolores de parto para seguir vendiendo pollos. Para mi sorpresa y de los médicos, a diferencia de mis otros dos hijos, Jhoeliza nació con los ojos abiertos mirando a todo el mundo”.

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