¿Existe la realidad?

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Por Sergio Cedeño

Desde la antigüedad este ha sido un tema apasionante.

Hay un permanente debate en torno a si es posible percibir la realidad tal y como es, o sencillamente, si cada quien tiene una “realidad” distinta en función de sus mecanismos sensoriales, que obviamente, siempre estarán condicionados por la estructura fisiológica de cada individuo.

Como sabemos, no existen dos seres humanos iguales sobre la faz de la tierra.

Ni los sentidos responden de manera igual, al mismo estímulo.

Los científicos, que han acudido a la ciencia para interpretar la realidad, entre ellos Robert Anton Wilson, señala que “las leyes de la física son modelos de la realidad, pero no son la realidad en sí misma, porque la realidad es inaprensible”.

Otros científicos de la astrofísica dicen que el universo es más grande que cualquiera de los modelos teóricos que intenta describirlo.

De ahí que estén surgiendo enfoques teóricos nuevos que plantean la existencia de un multiuniverso y que por tanto, ningún problema, por sencillo que sea, es posible verlo aislado e inconexo ni en un solo nivel, porque cada problema es a su vez, un conjunto de problemas.

En política se produce algo muy parecido.

Cada teoría política representa un enfoque ideológico o filosófico de quién o quienes elaboran esa teoría.

Es un punto de aproximación al tema, pero jamás una visión completa del conjunto, sino de una parte del conjunto.

El gran científico Stephen Hawking señala que “No existe un concepto de la realidad independiente de una teoría”.

De ser así, la realidad tiene que ser vista de acuerdo con una teoría y obviamente, al existir distintas teorías, sobre un mismo hecho, la realidad no puede ser la misma para todos.

Porque no todos tenemos la misma teoría, ni la misma visión sobre un determinado hecho.

Por ejemplo, un miembro de la ortodoxia musulmán, jamás verá la realidad igual que un ortodoxo católico, o que un ortodoxo protestante, o que un curandero de las selvas.

Es tan complejo el asunto, que hay realidades que solo pueden existir vinculadas a otras realidades.

Al abordar el tema de la realidad, en uno de sus últimos libros, Hawking dice: “Parece que no existe un modelo matemático o teoría única que pueda describir todo los aspectos del universo. En cambio, parece haber una red de teorías; con cada teoría o modelo nuestros conceptos de la realidad y de los constituyentes fundamentales del universo han cambiado”.

De ser así, esto nos lleva a entender que no hay una sola realidad, sino muchas realidades.

El ensayista Nassim Nicholas Taleb en su excepcional obra “El Cisne Negro, el impacto de lo altamente improbable”, señala que el solo hecho de observar algo, cambia automáticamente el objeto observado.

La conclusión más fascinante de todo esto es que en el mundo cada vez más complejo, inestable y lleno de incertidumbre, lo no conocido adquiere más valor que lo conocido. Por tanto, nadie tiene la verdad absoluta.

Cada posición o cada teoría intenta ser un mapa de la realidad y decía el ilustre militar Carl von Clausewitz, que ”El mapa no es el territorio”.

Coincido plenamente con esto, porque el mapa describe al territorio, pero no puede sustituirlo.

Siempre el mapa será insuficiente para describir la totalidad del territorio.

Esto nos lleva a entender el mundo de otra manera.

Las redes sociales se han encargado de enseñarnos, que ya no es posible triunfar en solitario.

Que una sola golondrina no puede lograr el milagro de construir un verano, y que una flor no puede florecer dos veces en una misma primavera.

La época de los liderazgos inmensos terminó.

La época del conocimiento absoluto se esfumó para siempre.

Estamos en la era de la nanociencia y la nanotecnología, donde lo pequeño y aparentemente insignificante, ha adquirido una extraordinaria relevancia, capaz de variar el curso de la historia.

Todo esto hace que las teorías de los escenarios se modifiquen. Hoy, por la complejidad, los problemas pueden bifurcarse y tener múltiples expresiones vinculantes.

En esta nueva era del conocimiento, de las redes sociales, de las tecnologías de la información y del avance extraordinario de la física cuántica, el mundo dejó de ser lo que era.

El mundo de hoy, por las opciones que se presentan, se volvió extremadamente complejo.

Quien crea, que puede seguir dando soluciones sencillas a problemas complejos, ignora que la realidad es múltiple y que por tal razón, las soluciones también tienen que ser múltiples, inclusivas, participativas y democráticas, porque “cualquier pelo daña el sancocho”.

Sino, pregúntenles a los que desde las redes sociales, hicieron posible, la primavera árabe.

En el complejo mundo de hoy, es imposible solucionar el todo, sin entender las partes, o por lo menos, sin entender una gran parte, de las distintas partes.

Actuar de manera contraria, constituye “una ceguera de la esperanza”.

Y la esperanza, jamás podrá ser un método válido para intervenir la realidad y mucho menos si esta realidad es política.

El autor es periodista y politólogo.

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