Dalt Vila: un fascinante recinto de empinadas calles

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En la hermosa y empinada Dalt Vila, recinto amurallado declarado Patrimonio de la Humanidad, hago un alto en el camino obligada por la fatiga. Ante una puerta, acompañada de mi hijo Alexis leo un anuncio promocionando pastas de las monjas. Venden paquetes de Orelletas, Rubiols y Pastas de San Agustín. Suenan apetecibles. Ofrecen, además, un alimento diferente cada día. Un ejemplo, los martes: Empanadas de Carne. En la entrada hacia la capilla de estas monjas Canonesas de San Agustín, una placa en cerámica dice: ‘Aquí se reza por todos los hombres y mujeres. Todos somos hermanos y hermanas’.

De vuelta al exterior, a escasa distancia hay una minicapilla separada de la acera sólo por rejas: la Capilla de San Ciriaco. En este punto, según cuenta la tradición, entraron las tropas cristianas (catalanas) para conquistar la ciudad el 9 de agosto de 1235, festividad de San Ciriaco. Si el relato es cierto, el hueco en la piedra tras el altar es la abertura por donde pasaron. Con el celular entre dos rejas tomo una foto. ‘¡Cuidado si se te cae!’, me alerta Alexis.


Baluarte. Sant Bernarat es su nombre y desde él se contempla parte de la bahía de Ibiza.

Prosigue nuestra andadura junto al Museo Puget, en el palacio Can Comasema, de estilo gótico, cuya parte más antigua data de finales del siglo XV. A corta distancia, abierto a las miradas, resaltan un vestíbulo de piso empedrado, piezas de adorno y sillones de aspecto antiguo de una vivienda y, al fondo, el patio interior. Era la residencia de Just Tur Puget, en la cual se alojaron varias veces el escritor y poeta Rafael Alberti y la escritora de la generación del 27, María Teresa León. También en esta calle, la calle Mayor, atrapa nuestra atención la tienda de pintura y diseño artesanal Tráspas y Torijano. Son los apellidos respectivos de marido y mujer. Con él hablamos. Es buen conversador y vendedor.

Ya alcanzada la parte más alta de Dalt Vila, henos ante la sobria fachada de la Catedral de Santa María o de Nuestra Señora de las Nieves. Construida en estilo gótico en el siglo XIV, sobre una antigua mezquita árabe, sufrió varias reformas hasta el siglo XVIII. Del gótico mantiene el ábside, el campanario y la puerta de la sacristía. La nave central, del siglo XVIII, es de estilo barroco. Mientras vienen y van pequeños grupos de turistas deambulo por el interior del templo y, por corto rato, me siento en un banco.

Desde la iglesia, Alexis y yo nos dirigimos al cercano mirador del rey Jaume I. Nos regodeamos del impresionante conjunto de ciudad, muelle y bahía para luego retornar a la plaza de la Catedral y seguir nuestra caminata junto al Museo Arqueológico, que funciona en el antiguo edificio de la universidad. Resalta su ventanal de estilo gótico catalán (siglo XV) en la fachada. A su lado, la capilla del Salvador, del siglo XIV. Subimos hacia el Baluarte de Sant Bernart, donde nuevamente contemplamos un paisaje excepcional. Las magníficas vistas hacen olvidar temporalmente la fatiga de ascender por cuestas muy pronunciadas, amén de que para salir del recinto de la ciudad antigua ahora empezaremos ¡a descender!

Al tomar por una ruta diferente nos encontramos con el hotel Torre del Canónigo, Casa Puget (siglo XIX) y el lujoso Hotel Mirador Dalt Vila. Al frente, la Casa Consistorial ocupa parte del antiguo convento de frailes dominicos. Echo un vistazo al interior del primer piso. Seguimos por la Plaza España y bajamos hasta la iglesia de Santo Domingo, de estilo barroco. Iniciada su construcción en 1592, fue terminada en el siglo XVII. Aún en penumbra, recorremos su única nave. Continuamos hacia la Plaza Desamparados, con un par de tiendecitas y un restaurante, y en la pintoresca Plaza de Vila doblamos hacia la Plaza de Armas.

En ella varios viajeros descansan sentados. Nosotros, en cambio, tras observar el entorno avanzamos hacia el Portal de Ses Taules donde, igual que cuando entramos por el Portal Nou, un músico interpreta una conocida melodía. A seguidas, cruzamos el puente levadizo con sus cadenas y sus tablas de madera, varias en mal estado. ¡Adiós bella Dalt Vila!

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